diumenge, 25 de setembre de 2016

"Gibraltar es el gran trofeo de caza que todos los ministros de Exteriores, a derecha y a izquierda, han querido exhibir pero no han podido abatir al animal"


Macacos contra el nacionalismo español
por Gemma Aguilera, publicado en @MonDiari
09/24/2016


Es una ofensa terrible, un menosprecio inhumano, un sacrilegio, una humillación que merece respuesta. Resulta que hay 32.259 seres humanos y borde 250 macacos salvajes que no son españoles y no lo quieren ser, por mucho que los prometan un DNI nuevecito y un lugar en el paraíso de la UE. Los gibraltareños son así de desagradecidos y de incultos, incapaces de detectar la oferta irrepetible que los hacen. Como muchos de nosotros cuando nos llama una compañía de telefonía móvil para ofrecernos un precio mejor y un smartphone a pagar en cómodos plazos de 48 meses. Les decimos que no, nos preguntan si es que somos imbéciles y queremos seguir pagando más y respondemos que sí.

Tanto la derecha como la izquierda del régimen, así como Podemos y C's, es decir, toda la España nacionalista- hacen suyo el grito de "Gibraltar español!" Porque están convencidos de que un buen día los británicos del Peñón se quitarán y se darán cuenta que han malgastado su vida atrapados en una ficción que comenzó con un maldito referéndum en 1967, porque en realidad quieren anexionarse a la patria española. Que ya están hartos, de pertenecer a un estado más rico y poderoso, con moneda propia y privilegios de todo tipo, y que de postre, tiene tan poca ánimo imperial que se dedica a hacer referendos para que sus ciudadanos decidan libremente si quieren o no formar parte de la Gran Bretaña.

 El ministro Margallo tiene una obsesión enfermiza, Gibraltar es el gran trofeo de caza que todos los ministros de Exteriores, a derecha e izquierda, han querido exhibir pero no han podido abatir al animal. Es tal su obsesión que ha amenazado con bloquear las negociaciones del Reino Unido con la UE por Brexit si Londres no se aviene a pactar una entrega progresiva de Gibraltar en España en una negociación bilateral Londres-Madrid sin pasar por las urnas. La obsesión incluye los típicos shows estivales de conflictos diplomáticos en el Peñón de los últimos años.


Esta semana, el monarca español, dignísimo súbdito de Margallo en la cruzada contra los gibraltareños, ha internacionalizado el precario nivel del Estado que representa asegurando a la ONU que esto de Gibraltar se ha de terminar, que es un "anacronismo colonial ". La respuesta del ministro principal de Gibraltar no podía ser más humillante en términos de orgullo patrio y de democracia elemental: "En la Europa moderna debe imperar el derecho a decidir, siempre se debe buscar el consentimiento de un pueblo antes de hablar de soberanía. Lo único que decidirá el futuro de Gibraltar es el pueblo de Gibraltar, que ya ha hablado para decir que es británico ".

Los gibraltareños ya hablaron en 1967 cuando les preguntaron si querían permanecer como colonia británica o pasar a soberanía española, y lo ratificaron en noviembre de 2002 con el 98,97% de los votos. España lo tiene fácil. Como considera que las colonias sí tienen reconocido el derecho de autodeterminación, que proponga en Londres una consulta a la escocesa para contar cuántos macacos y cuántos humanos se van con la Roja.

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